Mis charlas no son clase magistral. Se aprende en vivo, a punta de preguntas y con la herramienta en la mano. Tu gente sale habiendo tocado la IA en su propio trabajo, no habiendo escuchado sobre ella.
Cada una está armada para un tipo de audiencia distinta. Si tu caso es otro, conversemos y la ajustamos. Todas en español, en cualquier lugar.
El economista Erik Brynjolfsson, del Stanford Digital Economy Lab, describe el trabajo del conocimiento como una cadena de tres eslabones. Vale la pena mirar cuál le toca a quién.
Por eso las charlas se hacen preguntando. Aprender a preguntar es entrenar el primer eslabón, el que no se puede delegar. Y es también de donde sale lo nuevo: la creatividad viene resolviendo preguntas, no antes de hacerlas.
Para congresos y eventos. Abre la conversación y baja el miedo. Con demostración en vivo, porque contarlo no alcanza.
Para comités y directorios. Menos escenario, más mesa. Termina en preguntas concretas sobre su propio negocio.
Manos a la obra, en duplas, con datos reales de la empresa. Cada persona sale con un caso de uso propio funcionando.
Cuando el objetivo es que quede criterio instalado y no entusiasmo pasajero. Se arma según la mesa.
Gremios, universidades, redes de directoras y equipos internos. Más de mil quinientas personas en sala, en Santiago y en regiones.
Vengo de treinta años dentro de la empresa real: KPMG, Oracle, Azurian, dirección de TI y un MBA de la Universidad de Chile. No llego a explicar la IA desde afuera. Llego a hablar de decisiones que tomé.
Kit de prensa con bio, fotos y temas. Una llamada corta para entender a tu audiencia y ajustar los ejemplos a su industria.
Demostración en vivo, no diapositivas de stock. Y las preguntas de la sala se responden en la sala.
Material de la sesión para los asistentes y, si sirve, el diagnóstico para que cada uno vea dónde está parado.
Cuéntame la fecha, cuánta gente y qué nivel tienen. Con eso te digo qué formato conviene y cómo lo armamos.